AVPN: La Santa Inquisición
¿Cómo convirtió la tradición napolitana en licencias, sellos y obediencia?
En Nápoles hay una organización que no trafica con harina, pero casi.
No lleva armas, pero reparte sellos.
Y no te rompe las piernas, solo el ego: te dice que tu pizza no es “vera”, que no pertenece al canon, que no has pasado por la misa.
Se llama AVPN, y nació para proteger la “vera pizza napoletana”, una expresión tan arrogante como efectiva: en cuanto dices vera, estás dejando fuera a medio mundo; Algo que a mi ver no defiende la pizza, la secuestra.
Cuarenta años después, protege sobre todo su propio poder: certifica hornos, cobra afiliaciones, imparte cursos y decide —como un Vaticano del cornicione— quién entra en el cielo del tomate y quién se queda en el purgatorio.
Lo que empezó como defensa del patrimonio se ha vuelto una cruzada institucional y burocrática. Y entre tanto fervor por la autenticidad, asoma una pregunta incómoda:
¿Dónde acaba la tradición… y dónde empieza la pequeña mafia de la pizza?
Y sí, ya sé lo que muchos estaréis pensando: que es necesario proteger las tradiciones, que alguien tiene que velar por la autenticidad, igual que existen las denominaciones de origen o los sellos de calidad. Pero lo de la AVPN va más allá del cuidado: roza la parodia. Ninguna D.O. se toma tan en serio a sí misma, ni actúa con tanto celo, ni presume de tanta pureza como este pequeño Vaticano de la pizza. Aquí no se preserva un método: se canoniza una forma de trabajar y entender la pizza.
El problema es que la AVPN es el ejemplo perfecto de esos males que se normalizan, se interiorizan y se asumen como si fueran ley natural. Nadie les tose, nadie los discute. Al contrario: muchos prefieren arrimarse a su sombra, colgar sus pegatinas en la puerta y aplaudir su praxis como si la obediencia también fuera un ingrediente del amasado.
Pero vamos a dejarnos de teorías y metáforas. Bajemos al barro, y veamos qué hay realmente detrás de estas siglas. Quiénes son, de dónde salen, cómo operan y por qué han conseguido que medio mundo les rinda pleitesía.


